miércoles, 4 de febrero de 2009

La búsqueda (CAPÍTULO I)

Encontrábase Henry frente al bar Simmon's, inmerso en innumerables frases con que poder comenzar la conversación, para él resultaba algo inquietante.

Absorto, mudo, cual estatua de piedra pareciera, allí se encontraba ella, deslumbrante, más que nunca. Sudores fríos recorrieron cada esquina de su cuerpo, el temblor en las piernas apenas le permitía avanzar, ciertamente costoso le fue, pero logró alcanzar su fin deseado. Se abalanzó sobre una de las banquetas que había libres y se sentó de manera brusca pues se sentía desfallecer. Con voz temblorosa y tartamudeante, consiguió saludar a Lisa. Su encanto rozaba la divinidad, Henry estaba realmente anonadado observándola, ni tan siquiera había reparado en el lugar en que se encontraba, ni tampoco de quiénes estaba ella acompañada.

"Cuántas veces soñé con este momento. Dulce es el instante en que me encuentro, pues ciego quedo al verte, cautivo soy de tu mirada. Arrodíllome ante ti, ¡oh noble dama!, tu siervo soy hasta que la parca venga a buscarme, cautivo quedé al reparar en esos ojos fascinantes, mar en calma donde el marino siempre quiso navegar, espuma efervescente, sueño dorado ..."
Desvaídos tales atropellaban la mente de nuestro protagonista y es que Henry cada vez que la veía se le acumulaban las más bellas palabras, pero siempre mudas, pues no lograba nunca expresar ni una sola.

"las perlas de mi Lisa evaden de la realidad al más osado, al más arrogante caballero. Tan serenos y apacibles sus dos deslumbrantes diamantes negros. Su largo y moreno pelo, acariciado por el viento, metal precioso, oro incalculable. Todos tus Romeos darían su vida por tener el deseo concedido de acariciar cada crin de tu delicado cabello... Observar sus labios es cabalgar encima de una nube, carnosos y dulces algodones acuosos. Perder la razón en un beso, es lograr cruzar unas palabras con el Dios eterno, es conseguir tocar el cielo con la punta de los dedos ..."

Embelesado en tales sentencias, permanecía nuestro querido Henry, impertérrito ante su querida Lisa como si de una aparición se tratase.

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